Con la educación que sueño

Con la educación que sueño

 

Cada día el amanecer descubre la verdad ante cada uno de nosotros, descubre que con los ojos que hemos aprendido no son precisamente los ojos de la libertad…

Dr. Máximo Briceńo*

Cada día el amanecer descubre la verdad ante cada uno de nosotros,
descubre que con los ojos que hemos aprendido no son precisamente los
ojos de la libertad; en algunos casos hemos sido enseńados a ver un
mundo al revés donde poco o nada importa la doble moral: una para hacer
sentir bien al otro y otra para entretener nuestro ego.

La educación ha venido sufriendo los embates de tener que cambiar
a la fuerza el viejo paradigma de formar para la vida, porque en
definitiva esa vida que teóricamente nos presenta la escuela
(ENTIÉNDASE LA MISMA UNIVERSIDAD) no es tal, tenemos muchísimos
ejemplos que vuelcan la mirada al maestro de escuela y al profesor
universitario, ya no basta con el ejercicio en el pizarrón, o recibir
por el correo electrónico las apreciaciones de un preocupado
estudiante.

El mundo que conocemos y que ha sido acuńado en nuestros corazones
ha cambiado, porque no son ni las mismas condiciones ni los mismos
seres humanos de generaciones que nos antecedieron, se trata de un ser
humano que ve sin preocuparse cómo el supuesto avance de la “ciencia”
se come todos los espacios que son el pulmón, el oxígeno de vital
existencia de ese “ser humano” cuyo consumo arrogante destroza lo más
valioso que es la dignidad, porque el “humano” al estar provisto de
mezquindad, arrogancia, prepotencia, maldad, interés por lo banal, lo
superfluo, la superchería, lo vanidoso, sin ningún amor por el prójimo,
favorecido por un cristianismo hipócrita donde poco o nada le importa
las donaciones y menos la incorporación a causas nobles como la lucha
tenaz contra el SIDA, contra el abuso infantil, contra la inmisericorde
prostitución de nińos, adolescentes o adultos.

El extraordinario “humano” es justamente ese que a sabiendas de
los problemas ambientales tiene cinco, seis, siete u ocho vehículos que
contaminan profusamente y en los que gasta cantidades importantes de
agua para lavarlos en casa mientras cientos de personas se mueren de
sed. Ese mismo ser sin miramientos abusa poderosamente de los espacios
considerados reservas de la humanidad y en este ilícito tenemos desde
ignorantes hasta profesores que han construido casas a la margen de
ríos, quebradas y cualquier reservorio natural.

Estamos aunque no lo queramos asistiendo a una sociedad de
cómplices donde se acepta sin pestańear la invasión de los espacios y
reservas naturales de los nichos ecológicos que son el mayor patrimonio
de la llamada civilización que de manera absurda destruye o liquida la
especie humana.

Este panorama es inquietante para el tipo de educador del siglo
XXI que debe asumir su nuevo papel en medio de la desmedida
degeneración de un circo donde los comediantes son los que dirigen con
elocuentes farsas sobre el amor al prójimo pero no toleran lo más
sagrado que es la disidencia menos un pensamiento distinto al despótico
régimen, de allí que la educación como verdadera revolución debe llegar
con alas de paloma en una función ética transformando hábitos de una
cultura que ha sido inyectada a nińos, jóvenes y adultos venezolanos,
haciéndoles creer que todo lo que sea riqueza justifica la manera como
se obtiene, sin pensar que el robo y la corrupción no sólo destruye al
colectivo sino al mismo corrupto para el que no hay dignidad sino la
bien entendida enajenación.

Podríamos estar de acuerdo que el hombre es egoísta per se, pero
también posee por su condición humana un altruismo que le va con su
ser, el problema está en que los modelos que la sociedad le presenta
son más los de individualista egoísta que los colectivos altruistas,
obviamente que la escuela no escapa al discurso del individualismo del
ser enajenado pero necesariamente el docente del nivel que sea está
obligado a producir el carácter fundante de la ética que es hacer el
bien y practicar la justicia.

Debo indicar que nada excusa de acuerdo con los principios de la
ética el robo, el saqueo del erario público, por lo que apropiarse de
forma ilegítima de lo que no corresponde es discordante con el proceso
de autotransformación al que propende el sistema educativo, por eso un
Gobierno que respete la formación de maestro, docentes y profesores
debe entender que lo académico es fundamental porque en la docencia se
apuntala una ética que en la práctica impulsa los valores trascendentes
de: libertad, justicia e igualdad que traerían consigo la importancia
por el entorno y sus relaciones ecológicas que involucra la economía
del agua y del oxígeno en procesos fundantes de la relación del hombre
y el espacio tempo-espacial.

Esta reflexión pretende llegar al ciudadano común, al profesional,
a los sagaces actores políticos, a los gobiernos locales, regionales y
nacionales para que revisemos el papel de la educación no como
mecanismo de control ni de o para ideologizarlos sino como formador del
ser país que necesita con urgencia adecentar la formación los
ciudadanos.

A tiempo estamos de entregar a las nuevas generaciones el futuro
de la nación, no basta con decir el futuro son los nińos, hay que
construir ese futuro partiendo de la idea que el futuro es la calidad
de sus maestros y profesores.

La calidad de los docentes no es un hecho fortuito, debe
corresponderse con el país que ha ido perdiendo su capital principal
que es la cultura de sus habitantes. Es la hora de repensar el papel de
las universidades e institutos de formación docente porque no podemos
seguir avalando sin protestar que al servicio educativo ingresen con
títulos por debajo del cuarto nivel o incluso sin título docente
personas que no entienden lo delicado y sagrado de nuestra profesión.

* Presidente de Sinditem

Publicado en Diario Frontera. Lunes 10 de Noviembre de 2008

¡ÚNETE Y LUCHA!
SINDITEM FENATEV

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Acerca de Julio Alexander

Educador y Promotor Comunitario. Aficionado a la literatura, enamorado de Venezuela, con experiencia de trabajo y desarrollo de proyectos en comunidades populares, amante de la naturaleza.
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