#Venezuela: Sobre el uso pacífico de la energía nuclear.

Por Julio Alexander Parra Maldonado

Hoy el mundo está urgido de un cambio de las tendencias de consumo mundial, caracterizado por lo contaminante de la inmensa mayoría de los procesos económicos del mercado internacional. Destaca el cambio climático y otros males ambientales.

Hablando de la utilización pacífica de la energía nuclear, señalamos que la población venezolana debe ser informada concienzudamente de los posibles beneficios que traería, pero sobre todo informar los riesgos y problemas que genera esta vieja tecnología, vestigio vivo de ese desarrollo voraz que para nada ha considerado aspectos sociales y ambientales.

Hay que recordar que la base para la producción de energía nuclear es la minería del uranio, ubicado en países del sur del planeta. El proceso para la explotación del uranio implica necesariamente destrucción y contaminación de agua y aire, afección a la salud de quienes habitan o trabajan en la zona de extracción y por donde transite para su aprovechamiento.

El uranio extraído debe ser enriquecido para su utilización, mediante procesos que implican nuevas formas de contaminación y residuos tóxicos. Hay que señalar que si bien la extracción se realiza en países del sur del planeta, son países del norte industrializado los que controlan su enriquecimiento mediante compañías trasnacionales con capital estatal, las que comercializan el producto utilizado como combustible en las plantas nucleares bajo un monopolio estricto, apoyado por los organismos internacionales.

No se conoce forma alguna de tratar ambientalmente sustentable los residuos nucleares, ni en la producción del uranio enriquecido ni de los residuos radiactivos de las plantas nucleares. Son desechos en extremo peligrosos, ya que el simple contacto con ellos o la exposición a su radiación genera problemas a la salud, incluso la muerte de cualquier forma de vida. El tiempo durante el cual son tóxicos supera los 10.000 años.

Donde se depositen estos residuos se corre alto riesgo de contaminar afluentes de agua, tierras y aire. Son desechos que hasta ahora se lanzan al mar, o se llevan clandestinamente a países pobres, para ser enterrados con las afecciones consecuentes a sus habitantes. De más está decir que son prácticas prohibidas e ilegales.

Entre estos residuos se encuentra el plutonio, que es material que puede ser usado en arsenal atómico. Una buena razón para quienes en el mundo promueven la carrera armamentista.

Justo ahora vemos en vivo, en directo, en el noticiero, lo acaecido tras el terremoto en Japón en la planta nuclear de Fukushima, en marzo de 2011. Una experiencia aún radioactiva y que comprueba las “dificultades” de una planta nuclear. Este es el uso pacífico más “notable” de la energía nuclear.

Ninguna planta es totalmente segura, implica tal cantidad de normas, procedimientos y verificaciones permanentes que el mínimo error, descuido, sabotaje, desgaste no detectado puede llevar a la fuga de radioactividad y afecciones al territorio circundante. Basta recordar los dos más grandes “accidentes” nucleares de la historia: Three Mile Island, Pensilvania, EEUU (1979) y Chernobil, Ucrania (1986). También hay reportes de cientos de “accidentes menores”. Son muchos los riesgos para la población que vive en las cercanías. Esta “cercanía” puede alcanzar cientos de kilómetros.

El alto costo de una planta nuclear es prohibitivo, su mantenimiento costosísimo y no representa ahorro en comparación a otras alternativas energéticas. Solo la presión de grupos económicos beneficiados por la “industria” nuclear, mantienen la oferta de beneficios en lo que se conoce como el “Lobby nuclear” internacional.

Las energías limpias, renovables, con tecnologías de ahorro y eficiencia, permiten reducir efectivamente emisiones de dióxido de carbono; entre ellas la solar, la eólica, la hidráulica, biodigestión y otras. Deben los tecnócratas del gobierno comparar y señalar las opciones más respetuosas del ambiente, socialmente más responsables y económicamente viables.

Surgen las preguntas necesarias: ¿Vale la pena arriesgar tanto y comprometer el futuro de nuestro país en una opción energética que no necesitamos y ante la cual hay alternativas? ¿Cuáles serán los intereses que privaran en está propuesta nacional? ¿Por qué energía nuclear para Venezuela? Revisemos las opciones.

Explosión en la Planta Nuclear de Fukushima (Japón) Marzo de 2011

Explosión en la Planta Nuclear de Fukushima (Japón) Marzo de 2011

 

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Acerca de Julio Alexander

Educador y Promotor Comunitario. Aficionado a la literatura, enamorado de Venezuela, con experiencia de trabajo y desarrollo de proyectos en comunidades populares, amante de la naturaleza.
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