¡Adíos 2011! Gracias por dejarme ser y estar…

Ahora que te vas puedo mirarte con más naturalidad, sin la prisa de la rutina, sin esperar de ti cosas que no te correspondía dar. Recuerdo que te encontré junto al mar, no hubo mayores promesas, solo el compromiso de acompañarnos y nada más. Tal vez te ofrecí algo (ahora ya no lo recuerdo) seguro fue sincero mi pensar, no se si te cumplí, pero ya te vas y qué más da.

Si debo agradecerte permanecer hasta el final, creo que lo vamos a lograr, a pesar de mis dudas y a pesar de alejarnos del mar. Mis disculpas por dejarte pasar, en días sin pensarte o descuidando minutos que no supe aprovechar. Sé que es tu propósito darme la oportunidad de ser y hacer; que tu tiempo no ha de volver para dar esa oportunidad. Procuro dormir poco para atender mis obligaciones, pero es que es muy sabroso andar por andar, reír de más y cansar la mente para no pensar en el mal.

Siento que cumplí con la parte de dar, no sé si estuve atento para recibir el dar de otros. Quizás pude más, pero siempre hay que descansar, o distraer la vida con la charla de amigos o el calor del hogar. Sé que te centraste en ayudarme a estar, pero no pude yo centrar mi andar. Trabajo tuve mucho, y como pagaron supongo que debió ser útil para el caminar de otros o el construir de todos. También ahí dejaste que pudiese yo estar.

Aprendí bastante, pero aún no pongo en práctica todo lo que pude tomar. Mi misión es ayudar a otros a que puedan también saber cómo tomar de la vida para dar. Tiempo tuyo tome, esa era tu misión, que alguna vez malgasté, pero no puedo deberlo si no lo podré reponer. Aprender y ayudar a aprender, no es fácil pero en el intento está la esencia de querer y poder. Esa puerta que encontré y jamás dejaré de entrever.

En casa deje de hacer, como otras veces erré, no por dejadez, más bien por querer empujar el tiempo que tu bien sabes que no para ni deja de correr. Esta noche me encuentras tarde y fue algo que dije dejaría de hacer. Sin embargo, sin reproches, siempre encuentro el querer de tres mujeres que he sabido mantener, aunque merezcan mucho más del tiempo que ni tú ni yo hemos nunca de tener. Son ellas fuente y fuga del amor que se puede tener, que apenas un poco alcanza fuera de ese jardín en el que me toca ser abono para que podamos crecer.

Siento que diste más oportunidades que otros que han estado antes, que no ocultaste caminos, dificultades u obstáculos para poder ser. Eso se agradece porque al final encuentro el proceso necesario para continuar, para seguir en el tiempo sin quererlo apurar. Sin desmayos, con capacidad para levantarme y sacudir el polvo que es inevitable encontrar. Lugares, personas y momentos que no se desean, pero que solo así puedes saber en quien apoyar tu marcha y adelantar más.

Acciones nuevas, y viejas también, un poco de silencio que te va muy bien, el griterío del día a día, la música para relajar, la que acompaña la marcha, y la que invita a festejar, el canto de Sofía que siempre lleva a reflexionar. Un mensaje bonito, y otra un poco más real. Has sido dadivoso en eso de escuchar.

Amigos y amigas has traído a este andar desprevenido, dando la alegría de la charla y la esperanza eterna de encontrar reposo, luego del trajinar entre conocidos de manera alerta y desconfiada. La vida encuentra formas de enseñar: una es la rivalidad, pero de verdad me gusta más la solidaridad. Aquellos quienes me brindaron cobijo, alimento o apoyo espiritual, a quienes pude atender cocinando o respondiendo su duda, con un trago o un café da igual, con quien pude conversar sin temor de equivocar, a quien di un abrazo sin quererlo rechazar. Aquellos que dieron de su tiempo un poco para ayudar a encontrar respuesta a la pregunta del ¿por qué? que tanto sigue mi caminar.

Alguna fotografía he de encontrar, una frase, un recuerdo, esta nota te devolverán a la memoria y seguro que me será grato pues las dificultades encontraré resueltas, las alegrías volverán a brillar. 365 días que bien me distes para disfrutar.

También lugares que me diste para recorrer, donde volví, a donde llegué por vez primera, donde tuve que ir para buscar, del sitio que regrese cansado y al que si es por mí no volveré a visitar. Todos fueron apropiados pues encuentro que son aprendizajes y oportunidades que guardaste para mí y nada más.

Las calles y parques, las escuelas que tanto me hiciste frecuentar, el hospital y la prisión que me dejas para demostrar el compromiso que tengo con lo que creo pensar, las oficinas aburridas, las reuniones sin efecto, las mentiras públicas y las verdades ocultas, las voces sinceras y los silencios odiosos; todo lo agradezco porque me dan seguridad para seguir con cautela de lo que debo desafiar.

Aquellos con quien me pude encontrar, o estos que me leen tan bien de lejos que aún quisiera encontrar. También aquellos que marcharon y nunca más tornarán, tendré que esperar otro mundo para volver a conversar. Así es la vida, los amigos no siempre están, pero cuando se encuentran, o se necesitan, hay que parar la marcha y estar. Estos, aquellos y los otros, todos hemos de vivir el próximo año sin más apuro que el de esperar.

Gracias por dejarme ser y estar.

Julio Alexander Parra Maldonado

31 de Diciembre de 2011

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Acerca de Julio Alexander

Educador y Promotor Comunitario. Aficionado a la literatura, enamorado de Venezuela, con experiencia de trabajo y desarrollo de proyectos en comunidades populares, amante de la naturaleza.
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