La tràgica historia de la docente zuliana Rebeca Villalobos: sus sueños de belleza le costaron 37 abscesos

El precio de querer ser BELLA!!!!!”
La tràgica historia de la docente zuliana Rebeca Villalobos: sus sueños de belleza le costaron 37 abscesos 

Para quienes deseen ver imágenes:

http://noticiaaldia.com/2012/01/la-tragica-historia-de-la-zuliana-rebeca-villalobos-sus-suenos-de-belleza-le-costaron-37-abscesos-imagenes-fuertes/

La profesora Rebeca Villalobos ha sufrido una pesadilla interminable por un procedimiento de belleza supuestamente inofensivo. Con 27 años de edad Rebeca Villalobos es una muchacha emprendedora y trabajadora con anhelos de superación, y que como cualquier otra chica, quería verse despampanante en su vestido de gala para su graduación; lo que nunca pudo imaginar es que sus deseos por verse bella sumado a la negligencia de una “especialista en estética” la pondrían al borde de la muerte y la condenarían a cargar la cruz de docenas de dolorosos abscesos en todo su abdomen y espalda. Las imágenes que se mostrarán podrían afectar la sensibilidad de nuestros lectores, se recomienda discreción.

La desgarradora historia de Rebeca, quien es profesora de Historia y de Geografía, comenzó en enero de 2010, cuando se realizó por primera vez un procedimiento estético llamado hidrolipoclasia, que consiste en la inyección de una solución fisiológica purificada en la zona que se desea adelgazar, seguido por un ultrasonido para crear una reacción que quema las células de grasa, que posteriormente son desechadas en la orina. La hidrolipoclasia es ofertada como un tratamiento “milagroso” por sus resultados a muy corto plazo, en el que se pueden reducir hasta 2 tallas en tan solo dos sesiones; de costo accesible para cualquier bolsillo y de “muy poco riesgo”, ya que no es invasivo para el cuerpo. Algunos incluso lo han llamado “La lipoescultura sin bisturí”. No obstante, Rebeca descubrió de la peor manera cuan peligroso y destructivo puede ser este procedimiento. En aquella oportunidad, Rebeca no tuvo ninguna complicación, y pudo sacarse por un tiempo esos molestos “rollitos” para lucir una figura más esbelta, a pesar de ser una linda muchacha y con una sonrisa encantadora.

Rebeca Villalobos
No fue sino hasta el pasado 2 de septiembre de 2011, cuando la licenciada en historia, decidió acudir nuevamente hasta la oficina de Carolina Cano, una supuesta especialista en estética, para volverse a hacer la hidrolipoclasia, y así lucir mejor el ajustado vestido que usaría para su graduación como magister en Geografía de la Universidad del Zulia.

Esa misma tarde después de hacerse la hidrolipoclasia, Rebeca llegó a su casa sintiéndose un poco extraña, tenía algo de fogaje, dolor de cabeza y malestar general, pero no se preocupó demasiado, después de todo, podía ser una simple gripe. Al día siguiente llama a Carolina Cano y le dice lo mal que se siente, ya no era un simple malestar, ahora tenía una intensa fiebre. Carolina la manda a acudir nuevamente a su establecimiento para aplicarle otro ultrasonido.
“Yo le dije, me siento mal, yo no sé que me pasó, primera vez que me siento así, a lo que ella me contestó, -vamos a esperar-”, narra Rebeca.

A los pocos días, Rebeca volvió a llamar a Carolina, pues la fiebre no había cesado, por lo que la ‘especialista’ la citó para un nuevo ultrasonido, puesto que no había drenado la grasa a través de la orina como debía ser. “Le dije que me seguía sintiendo mal, y ella me dice, -eso fue que se te encapsuló la grasa, vente para hacerte una endermoterapia- que es un aparato que le ponen a uno que vibra. Pero a la final, la endermoterapía lo único que hizo fue expandir la infección que Rebeca aun no sabía que tenía por toda la espalda y abdomen.

“Un día me empezaron a salir muchas peloticas especialmente en donde me inyectaron, como si fuera mucho acné, pero luego las peloticas se pusieron grandes y más grandes hasta que se convirtieron en abscesos”, contó, pero ese fue tan solo el inicio de una pesadilla de la que Rebeca aun no ha podido despertar. Angustiada por las enormes llagas purulentas que le brotaban de todo su vientre llamó desesperada a Carolina, quien la medicó y le puso un antibiótico.
Rebeca tenía una infección que la devoraba velozmente de adentro hacía fuera
En cuestión de dos días un absceso revienta y brotó mucha pus amarilla; en ese momento Rebeca se da cuenta de la gran infección que la carcome de adentro hacía fuera, así que fue al Hospital Clínico, donde le pusieron tratamiento intravenoso y oral.

“A los tres días voy otra vez a la clínica porque estaba totalmente brotada, ese día me contaron 37 abscesos” “A los tres días me voy otra vez al Clínico porque estaba totalmente brotada, ese día me contaron 37 abscesos, me broté de un momento a otro, y me dejaron hospitalizada el 26 de septiembre porque la infección ya era demasiada”, cuenta la educadora conteniendo las lágrimas. Rebeca no podía dormir, lo hacía solo por ratos, pues el tan solo hecho de recostarse le causaba un dolor insoportable. “Me hicieron un cultivo, para saber exactamente que bacteria tenía, supuestamente tenía dos bacterias: Estafilococos y Estreptococos”.

“A los días me dan de alta, pero a los cuatro días vuelvo a caer hospitalizada el 6 de octubre. Agoté el primer seguro, y a los tres días se me agotó el otro seguro, así que les pedí que me remitieran a un hospital público porque ya no tenía dinero”, cuenta Rebeca quien lamenta que un procedimiento de 250 bolívares le ha costado hasta el dinero que no tenía.

“No me podían poner anestesia local por la infección. Con un bisturí cortaban el absceso y apretaban para drenarlo”
Rebeca fue internada en el Hospital Adolfo Pons el 9 de octubre, y a los 12 días de estar hospitalizada es cuando llegan los resultados del cultivo y confirman que tenía Estafilococos y una peligrosa bacteria que se llama Acinetobacter baumannii. Inmediatamente la aíslan de las demás personas con las que compartía habitación porque esta última bacteria es sumamente contagiosa.

“Me drenaban la carne viva, no me podían poner anestesia local por la infección. Con un bisturí cortaban el absceso y apretaban para drenarlo. Dolía demasiado, solo me quedaba aguantar, pero era imposible no llorar de tanto dolor”, relata Rebeca casi como si todavía sintiera el bisturí desgarrando la piel. El 19 de octubre la dan de alta una vez más.

El infectólogo al que es remitida Rebeca, el doctor Ludo Nildo, tan pronto la ve, ordena una operación de emergencia pues le explicó que en poco tiempo su estado podía evolucionar hasta convertirse en cáncer o lupus. Con un nudo en la garganta, la joven confiesa que durante todo su calvario creyó que iba morir.

El 14 de noviembre ingresa al pabellón de la Clínica Milagro Center. La operación consistía aplicar anestesia general y abrir todos los abscesos para drenar la pus. “Me hicieron 22 incisiones, pero quedaron algunos abscesos sin reventar porque estaban muy duros, eran como una masa”, cuenta. El 9 de diciembre Rebeca recae otra vez con mucha fiebre y malestar. El doctor Belisario Gallego supo de su caso y la mandó a llamar para colocarle un tratamiento agresivo que fue el que realmente hizo efecto.

Fue solo después de recibir las 12 dosis del antibiótico que le recetó Gallego, que Rebeca empezó a ver mejoría. Cada ampolla tiene un valor de 600 bolívares; por lo que la mitad de estas las donó el Hospital Adolfo Pons. “Empecé a evolucionar y salieron muchos abscesos, luego Gallego me mandó a operar otra vez, pero ambulatorio. Sufrí bastante esa vez, me hicieron otras 9 incisiones”. Rebeca aun tiene 6 o 7 abscesos que todavía están muy duros para drenarlos, pero el especialista consideró que era mejor dejarla así por ahora mientras esperan los resultados de un cultivo que será enviado a Caracas para determinar si hay microbacterias que podrían complicar la infección.

Según los infectólogos, las bacterias las agarré en el mismo local de estética porque la Acinetobacter se crea en ambientes intrahospitalarios; y la Estafilococos también la obtuve allí porque su incubación es muy rápida y empecé a sentirme mal desde el primer día”, afirma Villalobos. Los doctores le han dicho que su recuperación total podría tardar de 6 meses a un año a partir de este momento, siguiendo un estricto tratamiento. “Me hicieron 22 incisiones, pero quedaron algunos abscesos sin reventar porque estaban muy duros”. Durante la etapa de mayor sufrimiento Rebeca intentó en repetidas ocasiones comunicarse con Carolina Cano, quien le habría dicho que correría con los gastos médicos y que se haría responsable por los inconvenientes, pero ésta desapareció y nunca más volvió a comunicarse con Rebeca.

Aparentemente, Carolina, quien antes de abrir su propio local trabajaba en una estética llamada “Belleza”, se habría mudado para Valencia. Villalobos introdujo una demanda ante el Ministerio Público, y espera que la fiscalía abra una investigación en contra de Cano por mala praxis; pero esa no es su prioridad en este momento. Sin importar que gane o no la demanda, las consecuencias ya son demasiado graves. Un procedimiento relativamente simple, le desfiguró su abdomen y espalda, produciéndole profundas cicatrices que ningún tratamiento de belleza podrán borrar nunca.

La profesora es esperada con ansias por todos los jóvenes a quienes les ha impartido conocimiento, y está profundamente arrepentida de las decisiones que tomó, pero quién podría juzgarla por actuar como cualquier otra chica de su edad deseosa por verse como nuestra sociedad le ha dicho que se debe ver.

“Aprendí que debo amarme tal como soy, ¿por qué arriesgar la vida? ¿Por qué someterse a tanto dolor tan solo para verse de una manera en la uno realmente no es?”, fue una lección que Rebeca desearía no haber aprendido de la forma en la que lo hizo.

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Acerca de Julio Alexander

Educador y Promotor Comunitario. Aficionado a la literatura, enamorado de Venezuela, con experiencia de trabajo y desarrollo de proyectos en comunidades populares, amante de la naturaleza.
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2 respuestas a La tràgica historia de la docente zuliana Rebeca Villalobos: sus sueños de belleza le costaron 37 abscesos

  1. Que historia tan terrible!! Gracias por compartirla Julio. Lo triste es que pasa y continua sucediendo una y otra vez por no aceptarnos tal cual somos. A veces dejamos que nos gane la vanidad. Y por el otro lado, muchas veces ponemos nuestras vidas en manos de quienes solo buscan obtener dinero sin importarles nuestra salud. Saludos.

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