Venezuela, 1957 (Fragmento). Por Ramón J. Velásquez

Por Ramón J. Velásquez.

Cuanto el país había ganado en la etapa comprendida entre 1935 – 1948 en el camino de rescatar el respeto a los derechos ciudadanos e imponer en Venezuela una institucionalidad democrática se había perdido y podría afirmarse que en orden al ejercicio de las libertades públicas, el hombre venezolano había retornado a los días crueles de 1919.

Volvía a vivir el país bajo el imperio de una dictadura policial, pero en esta ocasión el progreso social y económico no pudo detenerse. El Estado venezolano contaba por vez primera en su historia con grandes recursos financiero que le permitían acometer grandes obras de infraestructura durante lustros reclamadas. La reforma fiscal de 1945 dirigida a obtener mayor participación en las ganancias de las compañías petroleras había determinado a partir de 1948 un inusitado crecimiento de los recursos presupuestarios. Por otra parte, a lo largo de estos años continuó llegando a Venezuela la poderosa corriente inmigratoria europea que comienza a poblar nuestro país a raíz de la terminación de la segunda guerra mundial y para 1957 trabajan en las diversas regiones del país cerca de medio millón de europeos dispuestos a rehacer sus vidas destrozadas. Al mismo tiempo, la violencia política protagonizada entre liberales y conservadores en la vecina República de Colombia empuja hacia Venezuela una población de más de cien mil colombianos, en su mayoría agricultores y artesanos que llegan también dispuestos a reconstruir sus vidas, trabajando en la construcción de un país.

El auge fiscal, el crecimiento de la explotación petrolera, la oferta de nuevas concesiones así como la crisis de Súez, convierten a Venezuela en un centro de atracción económica mundial al cual llega en busca de fácil fortuna toda la gama de personajes del mundo de los negocios. La situación les es muy ventajosa pues no existe en Venezuela una legislación que regule esta clase de nuevas actividades y la protección del dictador les abre el campo de para las especulaciones sin riesgo.

La camarilla gobernante era más o menos la misma desde 1948 con la exclusión de los amigos de Delgado Chalbaud en 1950 y las renuncias de Suárez Flamerich y Moreno y el retiro temporal de Llovera Páez en 1952. Durante diez años los mismos nombres se repiten en los Gabinetes y en el anecdotario de quienes están enterados de cómo se realizan los grandes negociados y quienes perciben las altas comisiones que las compañías constructoras reparten para obtener la buena pro en el otorgamiento de contratos para la construcción de autopistas, represas, viviendas obreras, grandes edificio, cloacas, acueductos, así como para la instalación de las plantas petroquímicas y en el acuerdo con la firma italiana Innocenti para la construcción de la primera planta siderúrgica. Son contratos con el Estado que representan fortunas de una dimensión jamás vista, ni soñada en la Venezuela pobre, en el país del café y del ganado y tampoco conocida en los modestos comienzos de la explotación petrolera. Y al amparo del poder rápidamente va creciendo una nueva clase de ricos que empieza a competir, con la ventaja que brinda la sombra de la dictadura, con los grupos tradicionalmente establecidos en los campos de la banca, del comercio y de la industria.

Pérez Jiménez se niega a cambiar su equipo ministerial, pues en diez años sus colaboradores han marchado sin problemas al ritmo de su estilo autosuficiente. Y para muchos de sus amigos políticos esta situación se va volviendo insoportable pues cada uno de esos Ministros, Presidentes de empresas del Estado o Gobernadores estadales tiene en torno suyo un grupo de amigos y socios y quienes no forman parte de alguno de esos sub-grupos no tiene la oportunidad de recibir beneficios a que creen tener derecho.

Fragmento reproducido con fines exclusivamente educativos.

De: Venezuela Moderna: Medio Siglo de Historia 1926 – 1976. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas, 1976.

Marcos Pérez Jiménez. Dictador venezolano entre 1953 y 1958.

Marcos Pérez Jiménez. Dictador venezolano entre 1953 y 1958.

Anuncios

Acerca de Julio Alexander

Educador y Promotor Comunitario. Aficionado a la literatura, enamorado de Venezuela, con experiencia de trabajo y desarrollo de proyectos en comunidades populares, amante de la naturaleza.
Esta entrada fue publicada en Educación y Política, Venezuela y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Venezuela, 1957 (Fragmento). Por Ramón J. Velásquez

  1. Quien no conoce la historia, está condenado a pensar que es el primero en sufrir las penas que le estremecen y pretende ser un mártir cuando es en realidad uno más de los millones que dejan entronizar la calma y la costumbre con que gobiernan tiranos y dictadores, engañan líderes habladores y se oscurecen tiempos que podrían ser espacios de crecimiento, desarrollo y progreso para sus pueblos.

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s