La llanura en la Cultura. Por Antonio Elio Brailovsky

Con frecuencia, los españoles utilizaron palabras indígenas para designar aquello que no conocían. En este caso se utilizó el término quechua “pampa”, que significa “espacio sin límite”, y el tamaño de la región pampeana tuvo un peso importante en la creación de los imaginarios sobre el país. La idea de que el medio natural influye sobre las características de un pueblo ha tenido un peso importante en nuestra evolución. Desarrollada por Montesquieu, fue el soporte ideológico de distintas miradas sobre Buenos Aires y los porteños.

Para Alcides D´Orbigny, la complejidad de un paisaje genera mitologías complejas. “En Buenos Aires, los habitantes aprecian poco las bellas artes. La naturaleza del país es grandiosa, pero nada tiene de pintoresco, ni exalta el pensamiento. Nada de bosques para las dríadas y los faunos, sólo hay aguas estancadas salobres y fétidas para las náyades. Nada de imperio para Flora. ¿Qué divinidad habrían colocado los griegos en el vasto desierto de las pampas? Su fecunda imaginación habría, sin duda, sentado al genio de la Soledad, como Camoëns puso en el Cabo de Buena Esperanza al de las Tempestades; pero los pobladores no ven más que pastos y cardos y los indios su gualichu o genio del mal”[i].

Por supuesto que se trata de un prejuicio. Los vastos desiertos (incluyendo la pampa) generan mitologías tan complejas como la griega. La cueva en la que Ulises pasó largas temporadas de amor en brazos de la ninfa Calypso es un simple agujero en el duro suelo de Gozo, una islita del archipiélago Maltés, sin ningún atractivo[ii]. Recíprocamente, el mito helenístico de la náyade Aretusa, convertida en fuente por un conflicto amoroso con un río, remite a un insignificante accidente geográfico de Sicilia, mucho menos atractivo paisajísticamente que cualquier laguna pampeana. Los mitos se crean en la mente de los hombres, no en los accidentes geográficos.

Sin embargo, nos interesa esta concepción, porque nos ayuda a comprender por qué, cuando varias décadas más tarde la Generación del 80 se proponga europeizar el país, no se conformará con cambiar la arquitectura y el urbanismo. Además, tratará de europeizar nuestro medio natural, introduciendo especies animales y vegetales. No se trataba de mejorar estéticamente el paisaje sino de modificar el medio natural local por su influencia sobre el alma de los hombres.

Garibaldi contrastó los espacios pampeanos con los paisajes domesticados de Italia  y se identificó con esa llanura sin límites. “Ante la naturaleza feroz de la pampa, símbolo de libertad e independencia (Giuseppe) Garibaldi se sintió sobrecogido por una emoción intensa”[iii]. Destacamos que para D´Orbigny los porteños son habitantes de la pampa.

Un poco después, Sarmiento sacará a los porteños de la pampa para decir que la ciudad genera una realidad propia, la civilización, que se opone a la barbarie pampeana, que viene determinada por la naturaleza. “Buenos Aires –dice Sarmiento- está llamada a ser un día la ciudad más gigantesca de ambas Américas. Bajo un clima benigno, señora de la navegación de cien ríos que fluyen a sus pies, reclinada muellemente sobre un inmenso territorio, y con trece provincias interiores que no conocen otra salida para sus productos, fuera ya la Babilonia Americana, si el espíritu de la Pampa no hubiese soplado sobre ella, y si no ahogase en sus fuentes el tributo de riqueza que los ríos y las provincias tienen que llevarla siempre. (…) La barbarie del interior ha llegado a penetrar hasta las calles de Buenos Aires. (…) Los progresos de la civilización se acumulan en Buenos Aires solo: la Pampa es un malísimo conductor para llevarla y distribuirla en las provincias[iv].

Y agrega Sarmiento, con una visión exactamente opuesta a la de Garibaldi: “Muchos filósofos han creído también que las llanuras preparaban las vías al despotismo, del mismo modo que las montañas prestaban asidero a las resistencias de la libertad”.

De este modo, Sarmiento inaugura la concepción que separa culturalmente a Buenos Aires de la pampa. A partir de allí, será más sencillo negar que Buenos Aires se apoya sobre un medio natural y que ese medio natural la condiciona.

Desde otro punto de vista, quizás haya sido el primer paso para sacar imaginariamente a Buenos Aires de la pampa y poder ubicarla en París.

[i] D´Orbigny, Alcides: “Viaje a la América Meridional”. Buenos Aires. Editorial Futuro. 4 tomos. 1945.

[ii] Visitas de campo del autor, 1994.

[iii]  Bernard, Carmen: “Historia de Buenos Aires”.

[iv] Sarmiento,  Domingo Faustino: “Facundo o Civilización y Barbarie en las Pampas Argentinas”, Buenos Aires, Eudeba, 1962.

 

 

Presentación libro Braylovsky

Texto del Libro “Historia ecológica de la Ciudad de Buenos Aires” Los interesados en adquirir el libro pueden comunicarse con Alejandro Russo al correo electrónico ediciones.delcamino@gmail.com

Reproducido con fines unicamente informativos.

Acerca de Julio Alexander

Educador y Promotor Comunitario. Aficionado a la literatura, enamorado de Venezuela, con experiencia de trabajo y desarrollo de proyectos en comunidades populares, amante de la naturaleza.
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